Joaquín y Catalina contemplando unos caballetes, que luego se escaparon hacia la calle, y conmocionaron a la gente.
Subiendo, subiendo llegamos hasta una sombra agradable, mirando jaurías que pájaros que volaban en el cielo.
Uno de esos pájaros, un aguilucho vulgar o quizás una águila sabia mirando el reseco valle, que tiempo atrás habría sido un paraiso para sus ancetrales seres.
Si observas bien, puedes encontrar a un petirrojo oculto entre las ramas.
Sol de primavera calentando nuestros pasos en subida, su luz imponente sobre nuestras cabezas.
Los caballetes eran tres, y los caminantes eran tres.




























